La mente despejada de matices, viéndose pura,
desea volver a parar el tiempo,
ser de nuevo aquel que subía a Ticuantepe,
regresando de noche entre los mangos... en silencio.
Tu mirada es una oración de amor, tus besos un soplo divino, tu sonrisa un estallido de gracia, tus palabras, susurros al oido que dicen que me amas...