martes, noviembre 25, 2008

Vía Ernesto P.

Vía Ernesto P.



El número cinco era tu calle y yo lo sabía,

pero pregunté.

La calle de aquel tal Ernesto, sin importancia.

Esperaba oírlo,

de tu boca cerrada.


No más, ya no más,

un gesto sin excusas

un cierre al libro

para siempre y jamás.


Y fingí no saberlo,

hacerme el tonto,

burlarme de mi mismo

mientras lo hacía de ti.


Que has ganado en tu mano derecha,

y que pierdes en tu izquierda,

las juntas y decides que haces,

la que más pesa, la que más tienta...


La que más tira hacia tu siniestra,

o la que tuerce tu diestra funesta.

Así no eran las damas que Orlando conociera,

y Ariosto nos contara, con gracia suprema.


JavierElorza

jueves, noviembre 13, 2008

Así es

Así es


Frágil como el tabique nasal,

es una dama de diseño

cara y muy delicada...


se peina por las mañanas

su larga melena leonada,

color de rubia cebada.


Tiene ojos vivos,

que invitan a probar

los labios espaciales,


y las estrechas caderas

que vibran al ritmo de huracanes,

perfectas y reales.


¡Ronrisas como estrellas!

¡Miradas fatales!

Y un aura que promete

turbios finales.


JavierElorza

miércoles, noviembre 05, 2008

Los hijos de Marte

Los hijos de Marte



Subiendo la colina, la roca escarpada,

la mandíbula aserrada del gran Fenris,

recordaban a su protectora, mansa y tierna,

que les daba carne en los labios

y un abrigo de aliento para el frío.


Luperca la loba, genial para ese momento...

con las rodillas llenas de nieve,

rostros aguileños y ojos rasgados,

abrigos de pieles que tapan

a todas las razas de occidente.


Siete romanos con capas escarlata,

vaho por resuello y horizonte tras los sueños,

cuerpos hechos de roca pulida mil veces por el hierro,

pasos firmes bajo penachos sin bandera,

y como siempre el Aquila Immortalis a la delantera.


JavierElorza