Sol invictus
Navegando en los abismos del cielo,
he perseguido siempre al navegante,
del ocaso, en su dorado duelo,
que corre siempre en pos de los sargazos,
del mar del oeste, del Finisterre,
con el céfiro a cuestas por dulce consuelo.
¡Ahí va otra vez errando en el cielo!
Rápido Dios Ra, que copulas con tu puño,
que tus lágrimas son vida,
oprimida, lánguida y sin fuerzas,
son aristas en mi cara, vértices infinitos,
rectas que nunca acaban…
JavierElorza