Hoy
En los días de calor
remontamos los años vividos,
aquel dos mil doce
lleno de pecados y promesas,
las eras remotas en la que navegar no era prohibido
y en silencio en la noche
apagábamos el cigarro.
Donde el ruido no existía,
ni distracciones fútiles
y la vida era vida
y vivir se sentía.
Ahora aburridos,
sumidos en tedio infinito, derrotados.
Nos vemos en el espejo y ya no somos esos,
gastados, quemados por el sol y las asperezas,
consumidos por tenazas.
Sin embargo, en lo profundo de las cordales
queda un paluego de lo que saboreamos,
ese chiste viejo que nadie entiende ahora
donde los hombres son todos iguales.
JavierElorza