Pocas veces escribo historias, pocas veces dibujo... una vez cada dos
años es la frecuencia.
Esta historia quedó inconclusa en el momento en que nos conocimos,
fue un buen principio para algo tan grande, pero luego decidimos que
este mundo simplemente no lo merece...
Es como aquella vez... en que hubo una sirenita tan bella que el mar
de ella se enamoró...
* * *
Las luces de Managua, el triángulo, la zona rosa, todos los nombres
que la gente da a ésta raqueta en medio de los Robles, de
Pancasán... los mil nombres de la capital. Un lugar deforme, oscuro,
lleno de bares y coches pasando.
Ahí estoy yo otra vez más, esperando, bebiendo, encendiendo un
cigarro y otro cigarro, cagándome en la madre del mesero cada vez
que me cambia el cenicero. Es hora de decirle algo a ese huevón.
-Maldita mierda de bar! Me puedes dejar el puto cenicero en paz? Me
toca los huevos que me lo cambies cada dos putas caladas ¡Maricón!
Es suficiente decir eso, conozco a Chale y ahora que venga hará lo
mismo... él es uno de los que sabe de nosotros, lo espero para
cruzar el velo. Pisamos terreno neutral y nada debemos hacer aquí,
solamente tomar cafés, beber, conocer chicas... nada más.
Abajo y arriba hay unos problemas de a la gran puta y no hay que
llamar mucho la atención, se trabaja y punto, se pregunta lo justo y
se regresa a donde no nos puedan joder.
-Ahí está ese.. ¡Chale!
Mirándome fijamente se sentó, como siempre sujetando un cigarro con la
mano atrofiada, encendiéndolo con la derecha, exhalando la primera
bocanada con ese gesto torcido a la izquierda, esa boca como de pez.
-¿Qué hacemos hoy? Preguntó.
-Lo de siempre huevón, entraremos al barro a buscar un kaibil.
-Cabal ¿Necesitamos algo?
(Me encanta esa forma de trabajar)
-Tenemos el nombre y nada más.
-Perfecto, no quiero saberlo aún. Una cerveza y nos vamos.
“Una cerveza y nos vamos”. Nunca esperaría eso de Chale, que
tenía la costumbre de pedir siempre lo que nadie pedía para que no
le timaran a la hora de pagar.
-Una toña y una victoria y no nos cambies el puto cenicero hasta
que las chivas lleguen al techo. Dijo Chale.
Me reía, la cara del mesero lo decía todo. Nos quería matar.
En ese momento, es cuando por cortesía sintiendo la necesidad de hablar, empecé. Aunque nosotros ya nos sabemos todo.
-Así pues hermano, decime como te va?
-Nada nuevo. El brete, la jaña, mi papa que ahí anda... pagando
pecados viejo, y vos?
-Perdido en mil vergas, picheleando cuando puedo, nada serio... Esta
verga que hacemos me chivea en puta.
-Será la última, ya verás... ese kaibil es grande, no? Dijo
Chale, terminándose el cigarro.
-Si vieras..
-¿Nos vamos pues?
-¡Juimonos!
Y aquí es cuando entramos en las sombras buscando el barro, los
fuegos, cruzando helmintos tras el que piden buscar. Lo lleváramos a
los altos cielos si no nos joden, Nos ganaremos la eternidad si nos
pagan de una vez.
JavierElorza