La moneda danzando
A esos ojos cansados
que espantan al que los mira.
A esa moneda de oro
que rueda en la mesa eternamente,
jugando con los sueños de ser hombres,
de ser bestias, de ser seres de otro tiempo.
A la caricia de no ser querido,
al placer inocuo de no querer a nadie,
divagando por las calles como un cadáver
que no late ni siente, una película sin sonido,
una avalancha de imágenes sin sentido.
A todos los que entienden esas miradas,
partícipes de la misma desgracia,
sin compasión ni desvelo solo observan,
solo apuntan el dato en sus agendas,
uno más como yo, otro cero a la izquierda.
Una mirada dura siempre penetra
la invisible armadura del infernal poeta,
y la carcasa vacía siente vergüenza,
siente al fin el odio y el desdén,
los que pudieran salvarle se ríen de él…
Fuerzas nuevas para armar las andanadas,
las críticas a los imbéciles que solo ven la nada,
darles fe en la razón o en nuestra locura,
hacer un puente que les saque de su mundo
y les traiga al nuestro, de pasiones lleno,
de vicios, y de Venus y su espuma.
(Gracias Erika, por recordarme que esto existía)
JavierElorza