Dijeron
Dijeron de mí, que era un bello guerrero,
de cuerpo de estatua latina,
ideas convexas en mente torcida,
espaldas de acero y brazos de herrero.
El rudo martillo, el yunque irrompible,
la hoja más frágil, la pluma más fina,
las manos que lanzan el pilum terrible,
los ojos del hombre que todo adivina.
Dijeron de mí, que era un alma perdida,
en mis ojos rojos de llanto y de ira,
y no me sonroja oír que lo digan.
Pues yo sé que mi alma se ha ido,
arrancada a pedazos por seres divinos,
que anhelan mis labios, y yo los prohíbo.
JavierElorza
1 comentario:
Este es el poema que me recitaste. Lo anduve buscando por todas partes, mas no sabía que era uno de los primerizos. Parece que es uno de esos poemas de los que uno no se olvida...
Publicar un comentario