En la cúspide
He llegado al clímax
de no saber dormir,
tener hambre esquiva
y necesidades
que no existen.
El placer de sentirse eterno,
flaco y fuerte, seco y frío
y a la vez efímero,
sabiendo que por dentro
estoy podrido.
Mirar al cielo
con el cuello rígido,
apretar las nubes,
cerrar los puños,
elásticos y lisos,
sobre un mundo tenue
que mis ciegos ojos
no distinguen del olvido.
JavierElorza
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