Los chinches
Y volví
de entre las sabanas viejas,
arropado por chinches
que me acunaban.
ahora arde el cuerpo,
la mente esta vacía,
llena de costras que se secan,
caen y luego humean.
En la lámpara de keroseno
quemo los chinches viejos,
que torturo
en el paraíso de la venganza.
me rasco los brazos,
la cara,
me burlo de verlos estallar
y duermo acechando
mientras se asoman
de entre las tablas,
mientras caminan
sobre el colchón
ya vienen a su misa
con hambre,
en ayunas,
como es debido,
flacos y secos,
mendigando a su dios
que yace acostado,
largo como el mundo,
y quieto como el mar.
Algún día él se irá...
y formularán la profecía
del retorno a su morada,
y esperando
leerán sus libros y me cantarán.
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