Derecha
Las manos, raídas del trabajo,
forzadas a embrutecerse,
otrora delicadas, ahora ásperas
cadenas.
Herramientas de la gloria,
manchadas de mil maneras
por oro y sangres de doncellas.
De visera, de hacha cuando falta,
hasta para abrir botellas... de vino
y si se puede, que se puede, cerveza.
Así pues las conocimos,
para darte la mano hermano,
para tocar la dulzura morena
de tu piel canela...
JavierElorza
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