Cada
día
en
su mirada se para el tiempo,
es
una boca de leviatán que todo lo traga,
como
los agujeros negros.
Atrae
con fuerza suprema
las
divagaciones sobre aquello,
espasmos
de ser lo que queremos.
Afuera,
en la quietud del mundo
simple
y sin sabores,
callados,
esperamos ahora otro momento.
Lo
bueno de la simpleza,
del
gusto a nada que dan las cosas,
triunfos
y dolores, miedos y aventuras,
es
eso, que no son nada
y
por ello nos atrevemos.
Pero
en los planos negros cambia todo.
Se
puede navegar a mundos oníricos y espesos
que
dejan sabores entre los dientes
aún
cuando pasan años
y
la lengua los encuentra.
JavierElorza
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