viernes, febrero 29, 2008

XXII

XXII


Ella podía escribir un poema a tus ojos

mientras la mirabas,

enseñarte porqué no llevan ropa interior

algunas mujeres,

o hacer cantar a los pajaros aún cuando

llovía en la montaña.


Pero se fue de este mundo desnuda y fría,

con el sigilo de las grandes personas,

dejando atrás a unos pocos que la querían

y la estrujaban también bajo las sábanas.


Sabía de revertir maldiciones

y curar heridas en el alma.


Pero se fue de aquí mordiendo la boca,

sufriendo mundos y guardando miradas.


Una vez más te volví a ver,

no tenía monedas para una flor

y te deje un beso.


Te sueño en los autobuses y los metros,

solo tú podías librarme de mi peso,

¿Tendré que ir a buscarte algún día de estos entre el Érebo?



JavierElorza

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