XXII
Ella podía escribir un poema a tus ojos
mientras la mirabas,
enseñarte porqué no llevan ropa interior
algunas mujeres,
o hacer cantar a los pajaros aún cuando
llovía en la montaña.
Pero se fue de este mundo desnuda y fría,
con el sigilo de las grandes personas,
dejando atrás a unos pocos que la querían
y la estrujaban también bajo las sábanas.
Sabía de revertir maldiciones
y curar heridas en el alma.
Pero se fue de aquí mordiendo la boca,
sufriendo mundos y guardando miradas.
Una vez más te volví a ver,
no tenía monedas para una flor
y te deje un beso.
Te sueño en los autobuses y los metros,
solo tú podías librarme de mi peso,
¿Tendré que ir a buscarte algún día de estos entre el Érebo?
JavierElorza
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