Vía Ernesto P.
El número cinco era tu calle y yo lo sabía,
pero pregunté.
La calle de aquel tal Ernesto, sin importancia.
Esperaba oírlo,
de tu boca cerrada.
No más, ya no más,
un gesto sin excusas
un cierre al libro
para siempre y jamás.
Y fingí no saberlo,
hacerme el tonto,
burlarme de mi mismo
mientras lo hacía de ti.
Que has ganado en tu mano derecha,
y que pierdes en tu izquierda,
las juntas y decides que haces,
la que más pesa, la que más tienta...
La que más tira hacia tu siniestra,
o la que tuerce tu diestra funesta.
Así no eran las damas que Orlando conociera,
y Ariosto nos contara, con gracia suprema.
JavierElorza
No hay comentarios:
Publicar un comentario