Agosto
Hebe ya apenas roza mis dedos,
el abrazo roto... en frío que ronda.
De ella me despido con un beso
que suene en los ecos
del tiempo.
Regresaron de lejos,
arrastraban los pies,
y cuando entraron a casa
no pararon a contar su aventura.
Un vaso de agua, comida y cama.
Cuando recordemos estos días
veremos que se han olvidado.
Las lágrimas que no dejaron mancha,
los sentimientos devorados por un instinto brutal.
El dormir tranquilo una noche más
como consuelo.
JavierElorza
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