La mente despejada de matices, viéndose pura, desea volver a parar el tiempo, ser de nuevo aquel que subía a Ticuantepe, regresando de noche entre los mangos... en silencio.
Poco a poco las manos lentas
van retocando los ángulos,
los callos son el premio, las uñas gastadas,
el placer de verse fuertes
y la obra
que ya era perfecta
ahora se regocija de placer.
JavierElorza
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