La realidad
Se escondía en la calle del barco, en una esquina,
de ahí burlábamos a veces el metal vilipendiado,
otras veces violábamos lienzos pintando, poniendo caras.
Ahora la realidad es otra cosa,
me abruma y me supera,
y yo, enorme para esto, me siendo nada.
Nada de nada.
Pero aguantamos
sonriendo en el espejo, lentamente subimos con los dedos las
comisuras
y rogamos para que así se queden.
Nos sabemos duros como la roca más mezquina,
impenetrables como azabache tapando el sol.
Pero a pesar de eso, a veces tiritamos
en el fondo del pozo, muertos de frío.
Arriba, la luna nos ve,
arriba, se asoma otra vez Anna.
Nos canta en la noche,
nos dice de las cosas que le gustaría hacer.
JavierElorza
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