viernes, marzo 22, 2013

A los ojos del tiempo el mundo empezó en el día cero, el primero de todos los días que se contaron, y en la primera hora del primer día, cuando aún era de noche se la vio salir del mar. Era una niña de cabellos largos, sus vestidos volaban como si fueran banderas.
Caminando tambaleante en la arena, con grandes esfuerzos se alejó de la orilla, el mar suspiraba confuso, las olas rogaban por que volviera, pero ella alejándose como pudo se perdió en la tierra... lejos en la tierra.
Las quimeras irisadas y los castillos submarinos no eran nada ante los árboles y las flores, los pies descalzos sentían la hierba fresca, la arena cálida, los placeres del mundo se abrían a cada paso, los goces de masticar la fruta, el estallar de las cerezas en la boca, la miel y los olores... todos ellos placeres negados en la profundidad del mar.
Poco a poco, disfrutando de los sentidos recién aprehendidos, los pies descalzos sintieron la dureza de las piedras, los labios secos por el sol se quebraban... el frío de la noche hacía tiritar a la numen del poeta, miedo y asombro, soledad.
Pero las luces lejanas llegaron a los ojos, la puerta abierta tardó nada en estar cerca, el calor de nuevo se abría en una morada extraña.



Ya sabéis de quién hablo, quién escapó del mar para pisar la tierra... la espuma blanca.

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