Es él
En
la negrura de su alma
se
aprecia el trauma de no ser limpio.
En
la negrura de su espíritu
esta
la mancha de la mentira.
Pero
eso no es nada,
un
mal menor
que
apenas vemos,
hay
cosas peores,
horrores
indecibles
que
copan el paladar
de
sus besos,
carburos
amargos
que
se aspiran al pensar.
En
las llamas de sus ojos
arde
el alma retorcida
sardónica
la mueca, vacío al mirar.
En
las llamas baila su espíritu
sobre
el tapete, con la baraja
algún
día tendrá que confesar.
Y
ahí no vale mentir ya más.

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