domingo, marzo 18, 2007

En el exilio

En el exilio


La pulsera al fin bebió aquella sal,
recordando los años de su juventud,
fue la piel a recibir la caricia del sol...
un día en el exilio se vio precioso.


Más cerca de lo que esta allá lejos,
compartiendo gracia con un hermano,
unos limones y el eterno ron oscuro,
que guarda profundas palabras sabias,


como raíces, que alimentan árboles,
ellas nos llenan la cabeza de morralla,
asi es como caminan vivas las carcasas,


vacias y sin gracia, todas ellas distintas,
que buscan ser iguales y van al estilista,
a cortarse las ideas, a matarse la consciencia.



JavierElorza

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