Gracias
A las malas compañías,
que tan sabias han sido,
enseñándome a disfrutar
de los momentos de la vida,
amargos y nobles,
dulces y esquivos.
Practicando con ellas
el arte de la amistad,
valorando miradas y no apariencias,
una mano que de seguridad,
un gesto que demuestre
lealtad infernal.
Burlando los círculos notables,
llenos de charlatanes,
sin causa ni voluntad,
sin envidia ni caridad.
Sentándonos en las mesa más sombría,
de un pequeño bar hecho de tablas,
con un buda presidiendo
la fuente de hielos y el plato de limones,
que son nuestra hostia
y nuestros únicos alimentos,
en un mar de ron y de tremendos venenos.
JavierElorza
1 comentario:
Estupendo poema como siempre has sabido escribir. Ya que estoy por aqui, pues también aprovecho para felicitarte por tu cumple. ¿Cuántos años ya? eso no se dice, jaja. Que estés bien ;-)
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