El mendigo negro
Traté de escribir un cuento
sobre aquel mendigo negro,
hablar no podía y solo fumaba
cadáveres de cigarros apagados,
sus piernas ya no existían,
una alfombra las había suplantado,
y un suave hedor a muerto
emanaba de sus sucios harapos.
En sus ojos miré un día
y caí en la cuenta,
de que en el coliseo
había luchado.
Gladiador numida
con tridente armado,
después de la gloria
el polvo has besado.
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